VIAJES CON HERÓDOTO. Ryszard Kapuscinski.

No creo que sea casual que la reseña que inaugura esta nueva sección de mi blog, dedicada a comentar textos que me han parecido interesantes, esté dedicada a un libro de viajes, pues una obra de este tipo recoge dos de mis principales pasiones y vocaciones: viajar y leer. El libro, “Viajes con Heródoto”, me lo prestó, además, el doctor Joaquim García. Joaquim pertenece a esa clase de amigos que uno tiene siempre presente y cuya amistad resulta indiferente al paso del tiempo y a la mayor o menor frecuencia de nuestros encuentros. Pues cuando por fin nos vemos, el reencuentro siempre resulta natural y plagado de cuestiones sobre las que charlar. De forma que este libro de viajes del maestro Kapuscinski, prestado por un viejo amigo, me pareció el ideal para iniciar este nuevo camino.

Kapuscinski puede considerarse prácticamente como una figura legendaria del periodismo y del reporterismo. A lo largo de su vida viajó por todo el mundo y sus crónicas aparecieron publicadas en los más prestigiosos periódicos y revistas internacionales. Además, aprovechando el material recogido en sus viajes periodísticos, escribió un buen número de libros que obtuvieron también un gran éxito. Hasta que cayó en mis manos este “Viajes de Heródoto”, el único libro que había leído de él, y que me gustó mucho además, fue “El emperador”, dedicado a Etiopía y a la figura de su último emperador Haile Selassie, rey de reyes, león de Judá. Cuando lo leí estaba preparando mi viaje a aquella tierra, y la obra de Kapuscinski contribuyó a aumentar la fascinación que siempre he sentido por la tierra e historia etíope.

Así que empecé el libro absolutamente predispuesto a dejarme seducir una vez más por la prosa del periodista polaco y por el exotismo de los países de los que se disponía a hablar. Tal vez la expectativa era muy alta, ya conocen aquel aforismo que afirma que la satisfacción es la diferencia entre la expectativa y la realidad…, pero he de decirles que en términos generales, pese a resultar interesante, el libro acabó defraudándome un poco. Me explicaré.

Podríamos decir que “Viajes con Heródoto” es en realidad tres libros en uno. De un lado y sin que el autor lo exprese formalmente, resulta una especie de pequeña autobiografía o libro de memorias del autor, de otro, al ir comentando sus andanzas en diversos países, es propiamente un libro de viajes, y por último, sus continuas referencias a la obra del padre de la historia, Heródoto, lo convierten, también, en una especie de brevísima síntesis del magno libro del historiador griego nacido en Halicarnaso. Curiosamente, lo que debería resultar la virtud del libro, esta variedad temática desde la que se encara la narración, se convierte en su principal defecto, pues desde mi punto de vista Kapuscinski se queda corto en el desarrollo de los tres argumentos. Si bien resulta siempre un recurso narrativo eficaz dejar al lector con ganas de más texto, es decir, no hartarlo para que el libro no acabe resultando aburrido, el escritor polaco lleva este recurso al extremo, de forma que más que dejar con algo de hambre al lector, lo deja absolutamente famélico, lo que al final acaba generando un efecto parecido al de atiborrarle de información, pues provoca igualmente disgusto.

Este aspecto resulta especialmente evidente en las escasas pero indicativas menciones que Kapuscinski dedica a la historia de su país, que es al mismo tiempo, claro, su propia historia. Así, nos dice que de pequeño vivía cerca del gueto de Varsovia, pero no avanza ni una palabra más en esa dirección. En el caso de la dictadura comunista polaca, la cosa resulta más llamativa, hace mención a la tristeza de los que vienen del Gulag, a la escasez de libros, o su sorpresa ante el hecho de que, a diferencia de Varsovia, en Roma las empleadas de las tiendas se levantaban al verle y le atendían con alegría, pero siempre se queda ahí, apunta pero no dispara. Todos estos comentarios aparecen sueltos como pequeños indicativos de la situación de penuria política y económica que vivió su país, pero sin ahondar en ellos, sin realizar siquiera un comentario valorativo, quizá el hecho de que él mismo militara durante muchísimos años en el partido comunista polaco, -desconozco si de forma absolutamente voluntaria o no-, tenga algo que ver con esta cuestión…

También pasa demasiado deprisa, al menos para mi gusto, por los países por los que viajó. Nos da alguna pequeña pincelada, se entretiene en algún detalle o narra un encuentro con algún personaje singular. Pero, esto resulta prácticamente poco más que una gota en el océano al hablar de países absolutamente inmensos y no sólo desde un punto de vista geográfico como India, China, Irán, Etiopía o el Congo. Esta sensación resultó especialmente lacerante para mí en el caso del Congo. Por suerte para mí, he viajado por la mayoría de países que aborda Kapuscinski en su libro, salvo por el Congo, que con el tiempo se ha ido convirtiendo en mi asignatura pendiente como viajero, ese “corazón de las tinieblas”, lugar exóticamente mítico y fascinante que sueño con conocer algún día. De ahí que devorase las páginas que dedica a ese país, y que me parecieran muy, pero que muy pocas.

En realidad por momentos el libro parece centrarse en la monumental obra de Heródoto. Convirtiéndose prácticamente en una gran reseña que exhorta a su lectura. La virtud de Kapuscinski a este respecto es ofrecernos pequeños entremeses del texto de Heródoto aderezados con comentarios personales. Como tantas veces ocurre, al atrevernos a entrar, en este caso de la mano del escritor polaco, en el ámbito de las obras clásicas, descubrimos su grandeza intemporal, su profundidad y su comprensión lúcida de la condición humana. Cuando conseguimos romper nuestro miedo ante estas magnas obras, lo primero que nos sorprende es que, pese a los miles de años que nos separan, los personajes que aparecen son absolutamente parecidos a nosotros, tienen nuestros mismos deseos, inquietudes y problemas. Al viajar a través del tiempo gracias a las obras clásicas descubrimos que el hombre, en realidad, ha cambiado muy poco, y que Heródoto, pero también Sócrates, Platón, Tucídides, Cicerón, Tácito o Suetonio nos hablan en realidad directamente a nosotros, y desde luego tienen mucho, muchísimo que decirnos. Por ello, el acercamiento que Kapuscinski nos ofrece a Heródoto resulta, a mi entender, lo mejor del libro. Pues el lector acaba el mismo con unas ganas absolutas de empezar la “Historia” herodotiana.

En cualquier caso, y por concluir, aclarar que hay también mucho de bueno en “Viajes de Heródoto”, de ahí que nos hubiera gustado que el autor nos ofreciese más. Kapuscinski es un maestro de la escritura y por ello el libro se lee muy fácil, sin esfuerzo, resultando absolutamente ameno, cuando quieres darte cuenta ya lo has acabado y mientras tanto has viajado, someramente o no, por gran parte del globo terráqueo, por la biografía del autor y por supuesto por las historias del genial Heródoto. “Viajes de Heródoto” es un libro que podría haber sido mucho más de lo que es, pero en cualquier caso no debe, desde luego, desdeñarse su lectura.